Querido, queridísimo, Don José:

Todo el mundo te conoce por Pepe, y los de confianza siempre te llaman Pepillo.

Probablemente ese apelativo tenga algo que ver con tu estatura y con tu cercanía, que van íntimamente unidas. Es mucho más fácil, claro que sí, llamar a una persona por su diminutivo cuando es tan cariñosa y tan emotiva. Lo hacemos con los niños y con las personas más queridas.

Pero en este caso quiero llamarte como lo hago habitualmente: Don José.

A mí me resulta también muy entrañable, pero con esta formalidad incorporo un halo de autoridad, de personalidad, de gobierno, que son cualidades más que demostradas en tus tareas laborales y profesionales.

Cuando la Sociedad Filarmónica de Burgos, con su nueva junta directiva, se presentó en tus dominios, en tu territorio, nos recibiste con solemnidad castellana: Recio y formal, en espera de nuestro mensaje. Tu experiencia con el anterior gobernante de la Sociedad Filarmónica no había sido lo elegante que esperabas, pero en ese justo momento de nuestra presentación, hiciste un buen ejercicio de templanza, estudiando nuestro comportamiento, esperando acontecimientos.

Quizá tus vivencias anteriores te habían mentalizado y dirigido hacia un pensamiento un tanto clásico y quizá negativo de los socios.

Pronto el viento cálido de la música te hizo virar y en lo que en un principio era prudencia se convirtió en confianza. Y gracias a ese carácter generoso y altruista que tienes, tu perspectiva hacia la Sociedad Filarmónica de Burgos se transformó y comenzaste un camino nuevo con nosotros, los socios y socias de la Filarmónica.

Desaparecieron las dudas, las imágenes retrospectivas, y llegó tu entrega y tu colaboración absoluta con nuestra Sociedad.

Ahora, una vez que has dejado de desempeñar tu labor de gobernanza en el Teatro Principal y en el Fórum, te vienen los incontables recuerdos de tantos y tantos años, tal y como publicabas recientemente en el Diario de Burgos. Y seguro que te vendrán muchos más, conforme vayan pasando los meses y los años. Disfrútalos a tope, ¡te lo mereces!

 Y piensa también en el otro lado: Los recuerdos que dejas en la gente, la que tantos años te ha visto, al pie del cañón, la que ha sentido tu buen hacer y la que no te olvidará.

Porque tú, lo quieras o no, eres parte viva , siempre lo serás, de la vida cultural de esta ciudad, tan tuya, tan nuestra.

Gracias Pepe, por tu entrega, por tu fuerza, por tu cariño. Sabes sobradamente que puedes venir a disfrutar de nuestros conciertos y que siempre te tendremos en nuestro corazón.

Y de cara a los próximos años que te quedan por disfrutar y vivir, no olvides nunca el maravilloso y extraordinario don que tiene el viento cálido de la música. Deja que sople por todo tu cuerpo, por toda tu alma.

Un fortísimo abrazo

El presidente de la SFB en nombre y representación de todos los socios y socias que la componen.